Siempre fui muy escéptico con cripto y los números me dan la razón. Un estudio del Bank for International Settlements que analizó datos de 95 países entre 2015 y 2022 estimó que entre el 73% y el 81% de los inversores minoristas perdió dinero con Bitcoin, y que el inversor mediano perdió aproximadamente la mitad de lo invertido. Los grandes vendían justo antes de las caídas mientras los pequeños seguían comprando.
Bitcoin concentra hoy dos tercios de todo el valor de las criptomonedas excluyendo stablecoins. El tercio restante se lo reparten decenas de miles de tokens, y ahí está el verdadero daño. El resto del ecosistema funcionó como un gigantesco mecanismo de transferencia de riqueza del inversor al emisor, que luego convirtió sus tokens en dólares. Probablemente si el mundo cripto se hubiera quedado en Bitcoin, sin la supuesta innovación de lanzar miles de monedas nuevas, hubiera sido mucho menos dañino. Cada nueva criptomoneda fue en la práctica una nueva máquina de fabricar pérdidas para el minorista y ganancias para el emisor.
La ironía es total. Cripto nació para luchar contra el dólar y hoy lo que más se usa en cripto es el dólar tokenizado. Las stablecoins ya superan los 300.000 millones en circulación. Y como están denominadas en dólares, con ellas nadie gana ni pierde salvo uno: el emisor, que se queda con todo el interés de las reservas. Tether ganó más de 10.000 millones de dólares en 2025 y 13.000 millones en 2024, con 186.000 millones de USDT en circulación respaldados mayormente por letras del Tesoro americano. Es hoy uno de los mayores tenedores de deuda pública de Estados Unidos del mundo. Sus cientos de millones de usuarios le prestan dinero al 0% para que Tether cobre el interés.
Concedo que la tecnología sirve para algo. Blockchain es el backbone de Polymarket, que me parece un producto genuinamente interesante. Pero el valor de Polymarket está en el mercado de predicciones, y un mercado de predicciones se puede construir sin cripto.
Durante quince años cripto fue un agujero negro de talento, miles de ingenieros brillantes dedicados a reinventar la especulación en lugar de resolver problemas reales. Por suerte la mayoría ya se fue a construir cosas de más valor, muchos a la inteligencia artificial. Cripto prometió una revolución monetaria y entregó un casino denominado en la moneda que venía a destruir.